Cambiar el sistema de un HDD a un SSD sin formatear ni reinstalar Windows

Escrito por Rubén Velasco
Software
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La tecnología avanza a ritmos impresionantes. Un día aparece un producto y a las pocas semanas aparece otro de mejores características que deja al primero ya obsoleto o desfasado.

En el mundo de la informática cada poco tiempo aparecen mejores procesadores, mejores memorias RAM, mejores tarjetas gráficas… pero existe un pequeño problema: los discos duros no evolucionan al mismo ritmo que el resto de los componentes por lo que se crea un cuello de botella que disminuye considerablemente el rendimiento del equipo.

La última mejora que ha aparecido en el ámbito de los discos duros son los SSD. Dichos dispositivos de almacenamiento utilizan la tecnología flash para almacenar los datos, por lo que la velocidad es mucho mayor. Los SSD permiten al ordenador trabajar de una forma mucho más fluida y sin generar cuellos de botella con el resto de los componentes. Un SSD ofrece una velocidad mucho mayor a la vez que un consumo inferior y un ruido nulo al no tener componentes mecánicos en su interior. El principal inconveniente de esta tecnología es el elevado precio comparado a los HDD convencionales lo que los hace inviables para utilizarlos como almacenamiento.

Otro de los principales inconvenientes es tener que instalar de nuevo todo el sistema en el SSD ya que tendremos el sistema configurado a nuestro gusto con muchos programas ya instalados y configurados y nos da pereza volver a realizar todo el proceso o simplemente no tenemos tiempo.

Existe la posibilidad de clonar una imagen desde un disco HDD a un SSD y que continúe funcionando sin problemas aprovechando las ventajas del SSD.

Preparar el sistema para migrarlo.

En primer lugar podemos aprovechar para realizar una serie de acciones para dejar el sistema limpio y preparado para aprovechar aún más el rendimiento del SSD. Este paso es opcional, pero recomendado.

  • En primer lugar podemos aprovechar para analizar nuestro PC en busca de virus o malware. Para ello realizaremos un análisis profundo con un antivirus a la partición que vamos a clonar. Nunca viene mal realizar un análisis del disco de vez en cuando.
  • También podemos limpiarlo con CCleaner. De esta manera borraremos los archivos temporales e innecesarios, así como podemos hacer una limpieza del registro de Windows con esta aplicación.
  • Podemos aprovechar y eliminar archivos y programas que no utilicemos para no tener espacio ocupado innecesariamente.
  • Debemos desfragmentar el equipo con algún programa bueno, por ejemplo, O&O Defrag (de pago) o Defraggler (gratuito) para que la clonación tarde menos tiempo y se realice de una manera más sistemática.

Una vez realizados estos pasos opcionales debemos preparar nuestro SSD. Este es un paso muy importante para poder aprovechar al máximo el rendimiento del SSD.

Preparando el SSD.

Debido a la arquitectura de los SSD debemos tener los sectores del dispositivo alineados para un correcto funcionamiento, de lo contrario puede reducirse el rendimiento drásticamente.

Para alinear los sectores del disco debemos tener el dispositivo SSD conectado a nuestro equipo y ejecutar un terminal CMD (inicio-ejecutar-cmd) como administrador y ejecutar los siguientes parámetros:

  • diskpart
  • list disk
  • select disk X (X corresponde al número que identifica a nuestro SSD en la lista mostrada anterormente)
  • create partition primary align=1024
  • active

Con esto ya tendremos nuestro SSD listo para recibir el sistema.

Clonando el sistema.

Para clonar el sistema podemos utilizar varias aplicaciones distintas. Nosotros vamos a utilizar Clonezilla al ser una de las más potentes y gratuita. Como alternativas de pago podemos utilizar Norton Ghost o Acronis.

Para realizar el clonado podemos seguir el siguiente tutorial publicado anteriormente: Manual CloneZilla.

El único detalle que debemos tener en cuenta es seleccionar como disco de origen el HDD donde tenemos instalado Windows y como dispositivo de destino el SSD.

Finalizando.

Una vez terminado el clonado debemos seleccionar en la Bios que el primer disco a arrancar sea el SSD en vez de el HDD que tenemos actualmente. Una vez comprobemos que todo funciona perfectamente podemos formatear el HDD donde teníamos hasta ahora Windows y así poder utilizarlo como almacén para no saturar el SSD con archivos innecesarios.

Desde el primer momento notaremos una mejora en el rendimiento del sistema.