Las redes inalámbricas están cada vez más presentes en nuestro día a día. El auge de lo que se conoce como dispositivos del Internet de las Cosas o IoT hace que sea necesario contar con una red Wi-Fi. Este tipo de aparatos permite interconectar muchos equipos y ser controlados de forma remota, por ejemplo. El problema es que uno de los inconvenientes más importantes es la batería. Conectarnos de forma inalámbrica al router supone un desgaste de recursos importante. En este artículo vamos a explicar qué es el Wi-Fi pasivo y cómo puede ayudar a combatir este problema.
Qué es el Wi-Fi pasivo
Como hemos mencionado, las redes inalámbricas consumen recursos. Si conectamos nuestro móvil al router mediante Wi-Fi necesita energía para funcionar. Si ponemos el ejemplo de un portátil conectado por Wi-Fi y otro idéntico conectado por cable, en el primer caso se agotaría antes la batería.
Este es un inconveniente importante, especialmente para determinados dispositivos del Internet de las Cosas. En muchos casos son muy pequeños y la batería, en caso de llevar, va a ser muy limitada. Ahí es donde entra en juego el Wi-Fi pasivo, que sirve para ahorrar energía y poder conectar los equipos a la red. Básicamente, el Wi-Fi pasivo surgió con la idea de reducir el consumo energético. De esta forma podemos conectar nuestros dispositivos de forma inalámbrica, pero no tendremos que fundir la batería constantemente.
Para explicar qué es el Wi-Fi pasivo, lo mejor es compararlo con el Wi-Fi clásico. El Wi-Fi normal que conocemos en nuestro día a día lo que hace es conectar dos dispositivos de forma inalámbrica. Ambos dispositivos envían y reciben señal, por lo que es necesario que en ambos casos haya energía suficiente para ello. Sin embargo, el Wi-Fi pasivo no actúa igual. En este caso solo es necesario que un dispositivo envíe señales, ya que el otro cuenta con sensores pasivos. Esto se consigue gracias a poder separar las ondas. En el Wi-Fi tradicional se envían dos tipos de ondas: una digital, que es la que transmite los datos, y otra analógica, que se encarga de transportar esos datos.
¿Para qué se usa el Wi-Fi pasivo?
El potencial del Wi-Fi pasivo es muy grande, ya que puede conectar dispositivos IoT con un consumo energético mínimo. Cuando hablamos de los usos de esta tecnología, es imposible que no nos vengan a la cabeza los hogares inteligentes. Hablamos, por ejemplo, de esos sensores de movimiento que están precisamente alimentados con Wi-Fi pasivo, que detectan la presencia de personas en una habitación, por ejemplo, para encender o apagar las luces sin necesidad de que haya baterías que requieran reemplazo constante. Otro caso es el de las cerraduras inteligentes, cada vez más de moda, que permiten desbloquear o bloquear puertas de forma remota.
Si hablamos de un ámbito profesional tan importante como el industrial y la logística, el Wi-Fi pasivo ofrece opciones muy interesantes e innovadoras para el monitoreo en tiempo real. Esos sensores pasivos que hemos visto antes, colocados en almacenes, en productos o pallets, pueden rastrear su ubicación y su estado; cuando hablamos de estado, nos referimos, por ejemplo, a parámetros como temperatura o humedad, sin necesidad de que haya energía activa o un monitoreo constante del personal. Es una excelente manera de optimizar el inventario, minimizar pérdidas y usar la mínima cantidad de energía posible.
Hace ya muchos años que la agricultura también se ha vuelto inteligente y cada vez más. En este sentido, los sensores de suelo miden humedad o nutrientes que envían datos a un router central usando señales Wi-Fi reflejadas. Esto permite a los agricultores optimizar el riego y los fertilizantes con un mantenimiento mínimo. Mucha revolución del Wi-Fi pasivo se da en el ámbito de la salud, que es precisamente donde esta tecnología brilla para ayudar a las personas y mejorar su calidad de vida. Ya es un hecho que los monitores de glucosa para diabéticos pueden transmitir datos continuamente a un smartphone o un sistema hospitalario sin necesidad de baterías. Los pulsómetros pasivos, integrados en pulseras o parches cutáneos, permiten el seguimiento constante de la frecuencia cardíaca, que es perfecto para las personas con este tipo de afecciones.
No podemos olvidar las ciudades inteligentes, la gran promesa de las ciudades del futuro, que prometen ser más sostenibles, más inteligentes y al servicio del ciudadano. En este sentido, el Wi-Fi pasivo también desempeña un papel importante en la gestión urbana. Los sensores pasivos instalados en farolas, contenedores de basura, etcétera, pueden avisar sobre problemas de alumbrado, el llenado de contenedores y optimizar las rutas de recolección de residuos. En muchas ocasiones, los camiones de basura pasan cuando los contenedores están casi vacíos o cuando no ha habido necesidad, y con este tipo de tecnología se evita ese problema que desperdicia recursos.
Cómo funciona el Wi-Fi pasivo
El dispositivo que vamos a utilizar para conectarnos va a contar con un chip. El emisor, que puede ser un router, por ejemplo, va a contar con un software especial capaz de conectarse con ese sensor. Lógicamente, esto va a tener también limitaciones. Lo primero es que la distancia máxima a la que suele funcionar es de unos 30 metros. También habrá limitaciones en cuanto a la velocidad si lo comparamos con el Wi-Fi tradicional. Además, hay que tener en cuenta que de momento no hay muchos dispositivos que sean compatibles con esta tecnología.
La ventaja principal es que supone un ahorro de energía muy importante. Vamos a poder conectar dispositivos más tiempo sin preocuparnos por la batería. También la facilidad de uso e implantación una vez esta tecnología se extienda.
Cada vez hay más dispositivos conectados
Es una realidad que vivimos en una época en la que cada vez tenemos más dispositivos conectados a Internet. Los dispositivos IoT van a aumentar considerablemente en los próximos años. Se espera que se multiplique su cifra en nuestros hogares y aparecerán también otros nuevos. Ya no hablamos solo de tener un ordenador o móvil conectados, sino que existen otros muchos aparatos. Hablamos por ejemplo de televisiones, bombillas, reproductores de vídeo, etc. Son muchos los tipos de dispositivos que tenemos conectados a la red y que forman parte de nuestro día a día.
Todo esto hace que sea necesario contar con una red Wi-Fi adecuada. Es vital mantener siempre la seguridad, así como tener una configuración correcta que aproveche al máximo los recursos disponibles que tenemos.
